Mostrando entradas con la etiqueta bDEPRESINb. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bDEPRESINb. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de febrero de 2011

La depresión en adolescentes segun la Fundación para la Salud Mental

depresión en adolescentes 


Muchas veces pensamos que la adolescencia es una etapa de la vida lejana de la depresión. Sin embargo no es así. Muchos jóvenes sufren depresión y a menudo es difícil diagnosticarla, dado que los adolescentes normales tienen altibajos en su estado anímico, que pueden alternar en períodos de horas o días.


Este trastorno durante los años de la adolescencia implica continua tristeza, desánimo, pérdida de la autoestima y pérdida de interés en actividades habituales. Es común debido al proceso normal de maduración y el estrés asociado con esta etapa de la vida, la influencia de las hormonas sexuales y los conflictos de independencia con los padres. También puede ser una reacción frente un suceso perturbador, como la muerte de un amigo o pariente, la ruptura con la novia o novio, o el fracaso en la escuela.


Por eso es necesario estar atentos si tenemos un adolescente en la familia y consultar ante cualquier duda, ya que los adolescentes con depresión por lo general ven todo más negativamente y son incapaces de imaginar que cualquier problema o situación se puede resolver de un modo positivo. Y los adolescentes con antecedentes de depresión en la familia son más propensos a sufrir este trastorno.


La Fundación continúa hasta fin de noviembre con su campaña contra la depresión a través de su línea gratuita de orientación 4831-2121.


Un dato de reciente publicación respecto de la depresión en adolescentes es que casi la mitad de los jóvenes que se recuperan de una depresión severa es probable que sufran una recaida dentro de los dos o tres años, sea cual fuere el tratamiento que hayan recibido. Este ha sido publicado en JAMA – Archivos Generales de Psiquiatría, y en el artículo se subraya la necesidad de un seguimiento a largo plazo y un riguroso monitoreo de los síntomas entre los adolescentes con depresión, aún cuando ya hayan manifestado una mejoría.


De acuerdo con los resultados de la investigación dirigida por la psiquiatra Golda Ginsburg, los padres, médicos, y profesionales de la salud mental deberían considerar a la depresión en la adolescencia como una condición crónica marcada por remisiones y rebrotes de la enfermedad, por lo que debe controlarse periódicamente tanto la medicación como los tratamiento psicoterapéuticos.


En los Estados Unidos la depresión afecta de cerca de un 6 por ciento de las adolescentes y aproximadamente un 5 por ciento de los adolescentes pueden sufrir problemas en el colegio y en su ambiente social, además de seguir con esos síntomas en la adultez.


Según Ginsburg, profesor asociado de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, cerca de 96 por ciento de los adolescentes que participaron en el estudio mejoraron o se recuperaron luego de un episodio inicial de depresión, pero el 47 por ciento de ellos tuvo uno o más episodios dentro de los dos años siguientes. Y esto sin que importara el tipo de tratamiento que hubieran recibido.


Además, por razones que no pudieron clarificarse suficientemente en la investigación, las mujeres tuvieron más posibilidades de recaidas, un 60 por ciento contra un 33 por ciento de los varones. Dato que coincide con el ya comprobado anteriormente de que las niñas adolescentes presentan el doble de posibilidades de experimentar depresión que los niños


Por su parte, los adolescentes que no mostraron mejoría durante los tratamientos, pero que luego igual se recuperaron, también tuvieron más probabilidades de tener nuevos episodios de depresión: un 67 por ciento contra un 43 por ciento de los que sí respondieron al tratamiento total o parcialmente frente a su primer episodio depresivo.


Lo destacable que surge además de este estudio es que practicamente todos los adolescentes se recuperaron dentro de los dos años del tratamiento, lo cual indican que si bien los tratamientos no son duraderos a largo plazo, sí son altamente efectivos en el corto plazo, aunque requieren un seguimiento contínuo.


View the original article here


This post was made using the Auto Blogging Software from WebMagnates.org This line will not appear when posts are made after activating the software to full version.

Esperanza contra la depresión (Folletos)

Lección 7: Esperanza contra la depresión


Descargue los folletos en PDF para estudiar la lección de la escuela sabática del primer trimestre de 2011 titulada: Jesús Lloró: La biblia y las emociones humanas. Espere el resumen escuela sabática todos los Viernes.


Sentimientos profundos de tristeza, chasco y culpa pueden conducir a la depresión. Compartir estos sentimientos con otros, orar, y aceptar las provisiones de Dios de darnos el perdón y la esperanza de un futuro brillante, libre del mal, pueden ayudar en la curación de la depresión.

“No olvides enviarle este artículo por correo electrónico a tus amigos.”


Algunos de estos recursos están disponibles gracias al Grupo de Escuela Sabática.



View the original article here


This post was made using the Auto Blogging Software from WebMagnates.org This line will not appear when posts are made after activating the software to full version.

Mayor riesgo de depresión en la adolescencia para las jóvenes con la menstruacion

Por: ESAhora


En este estudio, un equipo de académicos de las universidades de Bristol y Cambridge revisó, en una muestra de 2.184 muchachas, el vínculo entre la edad de la primera menstruación y los síntomas depresivos en la adolescencia.


El equipo de la Dra. Carol Joinson empleó un modelo de ecuación estructural para examinar la asociación entre la aparición de la menstruación y los síntomas depresivos, a las edades de 10 años y medio, 13 y 14.


La edad promedio en la que las jóvenes en el grupo de estudio empezaron a menstruar fue de 12 años y 6 meses. El equipo de investigación descubrió que las niñas que empezaron sus períodos tempranamente (antes de la edad de 11 años y medio) tenían los niveles más altos de síntomas depresivos a las edades de 13 y 14 años. Las chicas que empezaron a menstruar después (a partir de los 13 años y medio de edad) tenían los niveles más bajos de síntomas depresivos.


La transición de las niñas a la pubertad es un período crítico del desarrollo, asociado a muchos cambios biológicos, cognitivos y sociales. Estos pueden incluir una creciente conflictividad con los padres, el primer enamoramiento, cambios en la imagen corporal y niveles hormonales fluctuantes. Todos estos elementos podrían tener en las jóvenes que maduran antes un impacto más negativo que en las que maduran después. Las que experimentan un desarrollo precoz pueden sentirse aisladas, y angustiadas por tener que afrontar cambios en su cuerpo para los que todavía no están emocionalmente preparadas.


Si, como indica este estudio, las niñas que llegan a la pubertad a corta edad están expuestas a un riesgo más grande de sufrir problemas psicológicos en la adolescencia, sería posible ayudarlas con campañas de asesoramiento y ayuda, tanto en el ámbito escolar como en el familiar, orientadas a la prevención y a la intervención tempranas.


Conviene matizar, sin embargo, que los resultados de este estudio no aclaran si la menstruación precoz está relacionada con consecuencias adversas persistentes para el desarrollo emocional más allá del período de la adolescencia media. El equipo de Joinson no descarta la posibilidad de que las jóvenes que maduran a una edad mayor puedan acabar experimentando niveles similares de angustia que aquellas que maduran a corta edad, después de que haya transcurrido el tiempo suficiente.


View the original article here


This post was made using the Auto Blogging Software from WebMagnates.org This line will not appear when posts are made after activating the software to full version.

domingo, 6 de febrero de 2011

ADOLESCENTES CON <b>DEPRESIÓN</b> Y ESTRÉS « Sereescritor&#39;s Blog

diciembre 22, 2010 por sereescritor

Adolescentes con depresión y estrés

Las exigencias académicas y la necesidad de sentirse aceptados son algunos de los factores que más influyen en el desarrollo de estos trastornos

En la adolescencia, problemas psicológicos como la depresión o el estrés no siempre se manifiestan con las señales características en los adultos. En muchas ocasiones, la depresión queda enmascarada bajo otros síntomas, como agresividad o irritabilidad. Por este motivo, se aconseja a los padres que estén atentos a los cambios de humor de sus hijos y fomenten la comunicación con ellos.

AutorLa depresión y el estrés son dos de los problemas de salud más importantes en la actualidad. Y los adolescentes, inmersos en una etapa de cambios cruciales, también los sufren: uno de cada cinco padece sus consecuencias. El estrés es la respuesta automática y natural del cuerpo ante las situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes. El entorno está en constante cambio y hay que adaptarse de manera continua. Sin embargo, cuando el estrés es excesivo pueden desarrollarse problemas psicológicos, como trastornos de ansiedad o depresión.

Señales habituales

Entre las señales del estrés habituales en esta franja de edad figuran taquicardias, aumento de la agresividad, abuso de sustancias tóxicas, como el alcohol o las drogas, y el desarrollo de alguna enfermedad física. Como destaca Esther Calvete, profesora de psicología de la Universidad de Deusto, “el estrés responde a una situación de desajuste vital”. Esta situación que lo genera es muy variada: un examen en el instituto, discusiones con los amigos o la separación de los padres. Cuando el estrés es intenso, según las peculiaridades de cada individuo, pueden surgir síntomas de diversa naturaleza: ansiedad, depresión o conducta agresiva, entre otras.

Los síntomas de la depresión en los más jóvenes pueden ser diferentes a los manifestados por adultos. No es sencillo diagnosticar una depresión durante la adolescencia, ya que en esta etapa son habituales los altibajos en el estado de ánimo. Además, indicios tan típicos de la depresión como tristeza, problemas para dormir o falta de autoestima pueden estar enmascarados por una conducta desobediente, discusiones frecuentes, consumo de drogas, etc.

En estos casos, explica Calvete, los adultos pueden interpretar que el problema del joven es de una naturaleza distinta a la depresión, pese a que un diagnóstico correcto es el paso previo necesario para una intervención adecuada. El adolescente puede mostrarse triste y apático, aunque en ocasiones manifiesta irritabilidad y reacciona de manera brusca hacia las demás personas. “Estos cambios emocionales se acompañan de pensamientos negativos o falta de autoestima, se siente rechazado o sin esperanza de que las cosas mejoren. En ocasiones, los pensamientos incluyen ideas de suicidio”, añade la experta.

Sentirse aceptado

El papel de la familia consiste en ayudar a que su hijo tenga un auto-concepto de sí mismo equilibrado y una autoestima positiva

Durante la adolescencia, ser aceptado por los demás se convierte en una necesidad psicológica fundamental. Esta necesidad de aceptación tan intensa “se debe a los estereotipos y valores que caracterizan la cultura occidental”, considera Calvete. A las chicas se les enseña, en mayor medida, que es importante agradar a los demás, lo que implica tener un aspecto físico que guste. Algunas comienzan a deprimirse a raíz de comentarios negativos sobre su aspecto físico. En muchos casos, cuando se tiene la creencia de “necesito ser aceptada por los demás, sería horrible que me rechazaran…”, cada vez que se enfrenta a una crítica o al rechazo por parte de los demás lo pasa muy mal. Si estas situaciones se repiten de forma prolongada, pueden desarrollarse los síntomas depresivos.

Un joven que tiene problemas para que le acepten cambiará algunas de sus conductas. La psicóloga Sílvia Sumell afirma que algunas señales son indicativas de que un adolescente tiene problemas para que le acepten socialmente, como el hecho de que “nunca o muy pocas veces quede con alguien, no le llamen, no se conecte a ninguna red social como Facebook, tenga problemas con los compañeros de clase (peleas) o con los profesores (contesta mal, es desafiante, etc.), no le apetece quedar con nadie, se aburre o está más irritable que de costumbre, tiene alteraciones del sueño o del apetito, o empeora su rendimiento académico”.

De la misma manera, algunos estudios señalan que a partir de los 13 ó 14 años aumentan los casos de depresión de una forma muy acusada. Este incremento se prolonga durante toda la adolescencia. Las chicas se deprimen con más frecuencia que los chicos: al final de la adolescencia, la tasa de depresión del sexo femenino es el doble que la del masculino.

Presión académica, depresión y estrés

Una de las principales causas de depresión en la adolescencia es la exigencia por obtener buenas notas. Alicia López de Fez, psicóloga en Valencia, señala que los adolescentes se quejan de la presión académica, ya que llegan a la consulta con un gran sentimiento de inseguridad y con poca confianza en sus posibilidades. En las sesiones, ganan autoconfianza y las quejas por la carga de los estudios dejan de ser tales de manera progresiva. Si se ajustan las metas a los recursos, si se establecen metas realistas, la presión académica percibida es menor y la frustración, también.

Las quejas sobre la cantidad excesiva de deberes, exámenes o trabajos que entregar y muy poco tiempo son habituales. No obstante, Sumell afirma que “no hay una presión académica generalizada, sino que los jóvenes con problemas añadidos suelen percibirlo así y, a consecuencia, su rendimiento académico queda afectado”.

Esta presión no sólo es responsabilidad de los padres. Los expertos coinciden en que hay una presión social que empuja a ser cada vez más y más competitivos. Quienes no tienen una vocación clara o están desmotivados con los estudios, pueden sufrir más. “Acuden a la consulta jóvenes sin vocación ni hábito de estudio que sobreestiman sus cualidades y que no son capaces de reconocer que sin fuerza de voluntad y sacrificio no lograrán empezar, o terminar según los casos, sus estudios universitarios”, explica López de Fez.

Por otro lado, una de las principales consecuencias de la actual crisis económica es el futuro laboral que espera a muchos de ellos. La falta de perspectivas en este terreno es un factor estresante en el final de la adolescencia y puede provocar problemas como ansiedad o depresión.

FOMENTAR LA AUTOESTIMA

El auto-concepto es la imagen que se tiene de uno mismo y la autoestima es la medida en que esa imagen gusta o no al propio individuo. La autoestima es positiva si la imagen que tiene una persona de sí misma es positiva. Sílvia Sumell explica que la autoestima se forma a lo largo de la vida según los comentarios que se reciben de los padres y de las experiencias que se viven. “Una de las funciones de las familia es ayudar a que su hijo tenga un auto-concepto de sí mismo equilibrado (adaptado a su realidad) y una autoestima positiva”, indica Sumell.

Esta profesional aconseja, en primer lugar, hacer uso del lenguaje de la autoestima: mejorar la comunicación con el adolescente y, para ello, emplear un lenguaje positivo y evitar acusaciones, ridiculizaciones y comentarios irónicos. Para que los progenitores contribuyan a fomentar una autoestima sana en sus hijos, aconseja:

Aceptarles tal y como son.Descubrir qué tienen de especial y decírselo.Tratarles con respecto y afecto.Premiar sus éxitos y sus esfuerzos.Ayudarles a aceptar sus propias limitaciones.Colaborar para que se fijen metas razonables.Ayudarles a conseguir el éxito social porque es básico para ellos.Fomentar su autonomía mediante la confianza y permitirles asumir responsabilidades.Entrenarles para solucionar problemas interpersonales.

View the original article here


This post was made using the Auto Blogging Software from WebMagnates.org This line will not appear when posts are made after activating the software to full version.